Saltar al contenido

Capítulo 1: El niño que vivió

Resumen de Harry Potter y la piedra filosofal: Capítulo 1 – El niño que vivió

El capítulo se inicia con los Dursley, una familia de lo más normal que vivía en el número 4 de Privet Drive. El señor Dursley era el director de una empresa dedicada a fabricar taladros llamada Grunnings. Tenían un hijo pequeño llamado Dudley. El mayor temor que albergaban los Dursley es que alguien descubriese que estaban emparentados con los Potter. De hecho, la señora Dursley y la señora Potter eran hermanas, aunque no se veían desde hacía muchos años, de hecho, la señora Dursley fingía que no tenía hermana. Al igual que los Dursley, los Potter también tenían un hijo pequeño.

Esta historia empieza un martes normal y corriente, en que el señor Dursley se despide de su mujer y su hijo y se va a trabajar. Ya en el coche, después de salir de casa y al llegar a la esquina, percibió el primer indicio de que algo raro estaba sucediendo: vio un gato que estaba mirando un plano de la ciudad. Descartó esta idea pensando que había sido una ilusión óptica y continuó, pero al mirar por el espejo creyó ver al gato leyendo el rótulo con el nombre de la calle. Esto no podía ser, ¡los gatos no saben leer! El resto del trayecto hacia la ciudad consiguió alejar al gato de sus pensamientos. Hasta que llegó a las afueras de la ciudad, ya que mientras avanzaba lentamente por el habitual atasco matutino, reparó en que mucha gente iba vestida de forma extraña. Llevaban capas. Para apartarlo de su mente, razonó que sería una nueva moda o una estrategia publicitaria y volvió a concentrarse en los pedidos de taladros.

Dado que siempre se sentaba de espaldas a la ventana, no vio ni las lechuzas que volaban en el cielo a pleno día ni a la gente con capa que había en la calle. Al llegar la hora de la comida, fue hasta la panadería que estaba en la acera de enfrente. Al pasar al lado de un grupo de gente con capa, les escuchó unas palabras que lo dejaron atemorizado. Había escuchado claramente “Potter” y “Harry”. Volvió corriendo a su oficina pensando en llamar a su mujer para contárselo, pero cuando llegó, se lo pensó mejor. No tenía sentido preocuparla por un rumor, por un par de palabras sueltas que había escuchado.

Al salir de la oficina, casi derriba a un anciano con capa. Al disculparse, vio que el hombre no parecía estar molesto por el empujón. El hombre le dice que nada puede molestarle porque “Quien-usted-sabe” se había ido. El señor Dursley se quedó conmocionado, ya que le había abrazado un desconocido y le había llamado “muggle”, palabra que, por cierto, desconocía por completo.

Al volver a casa, volvió a ver al gato que se había encontrado por la mañana. Le gritó que se fuera y le sorprendió que en lugar de moverse el gato le dirigiese una mirada severa.

Después de haber cenado, y de haber acostado a su hijo, el señor y la señora Dursley fueron al salón para ver el informativo de la noche. En él, se comentaron extraños sucesos, como por ejemplo, que hubo innumerables avistamientos de lechuzas a plena luz del día además de una autentica lluvia de estrellas fugaces la noche anterior.

En ese momento, por lo inexplicable de la situación, el señor Dursley decidió preguntarle a su mujer, Petunia, si había sabido algo últimamente de su hermana, por si alguna de esas cosas inexplicables era producida por su “grupo”. No obstante, no fue capaz de decirle que había escuchado el apellido Potter a un grupo de gente vestida con capas al mediodía. En lugar de eso, decidió preguntarle si sabía algo del hijo de los Potter, ella le confirma que aproximadamente tiene la edad de Dudley y que, además se llama Harry.

No hubo una palabra más sobre el tema. Se fueron a dormir. Antes de acostarse, el señor Dursley miró por la ventana, y vio que el gato estaba todavía allí. Tardó en quedarse dormido, con todas las cosas extrañas de ese día rondándole todavía la cabeza. Al fin logró conciliar un sueño intranquilo, pensando que pasase lo que pasase no les iba a afectar a ellos.

A medianoche apareció Albus Dumbledore en la esquina de la calle, justo la esquina que el gato había estado toda la noche observando. Dumbledore se dio cuenta que estaba siendo observado, sacó un objeto similar a un encendedor de plata y, con él, apagó las luces de las farolas y se dirigió hacia el gato, que estaba junto al número 4 de la calle.

Cuando se volvió para sonreírle al gato, en su lugar estaba una mujer. La mujer en cuestión era la profesora McGonagall. Ésta le cuenta que lleva todo el día observando la casa. También se queja de lo imprudente que ha sido la gente, ya que los “muggles” se han dado cuenta de que algo había sucedido. La imprudencia de la gente se debe a la desaparición de “Quien-usted-sabe” que no es otro que Voldemort. Finalmente, la conversación llega al punto que la profesora McGonagall estaba esperando tratar: los rumores sobre la forma en que desapareció Voldemort. Los rumores que había escuchado hasta ese momento decían que Voldemort fue al valle de Godric a matar a los Potter, y que Lily y James Potter estaban muertos, pero que, al intentar matar a su hijo Harry, o pudo, y al no poder, su poder se desvaneció y por este motivo desapareció.

Llegados a este punto, Dumbledore revela que el motivo por el que están allí es para entregar a Harry a sus tíos, ya que son la única familia que les queda. McGonagall protesta ya que la gente que vive en esa casa le parecía de lo más contraria a ellos. Pero Dumbledore la covence alegando que Harry iba a ser famoso por algo que no recordaría, y que era mejor para él alejado de eso hasta que pudiese asimilarlo.

De repente, se interrumpe la conversación por un ruido sordo que venía del cielo. El ruido va aumentando de intensidad hasta volverse ensordecedor y una moto enorme aterrizó en el camino, frente a ellos.

Hagrid se bajó de la moto mientras les cuenta a Dumbledore y a McGonagall que la moto se la prestó Sirius Black y que cando llegó a buscar a Harry, la casa estaba casi destruida, pero que pudo sacarlo de allí antes de que los “muggles” empezasen a aparecer.

Dumbledore y McGonagall descubren que Harry tiene una cicatriz en la frente, y que la tendrá de por vida. Dumbledore lleva a Harry hacia la casa y lo deja en el umbral de la puerta, luego sacó una carta que había preparado para los Dursley y la escondió entre las mantas.

Hagrid se subió a la moto, la encendió y desapareció en el cielo. Por su parte, Dumbledore se marchó calle abajo. Al llegar a la esquina, levantó el Apagador de plata y devolvió la luz a la calle. Al volver la luz pudo ver un gato que se escabullía por una esquina en el otro extremo de la calle.

Harry Potter durmió plácidamente, sin saber que iba a despertarse en unas horas por el grito de la señora Dursley cuando lo viese por la mañana. Tampoco sabía que iba a pasarse las próximas semanas siendo pinchado y pellizcado por su primo Dudley. Ni que había gente por todo el país brindando a la voz de <<¡Por Harry Potter… el niño que vivió!>>.