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Capítulo 5 – El callejón Diagon

Resúmen de Harry Potter y la piedra filosofal: Capítulo 5 – El callejón Diagon

Cuando Harry se despertó, estaba seguro de que lo vivido en el capítulo anterior había sido un sueño. Hasta que se incorporó y se le cayó el abrigo de Hagrid con el que estaba tapado. Se percató de que había una lechuza golpeando con su pata en la ventana de la cabaña. La lechuza llevaba un periódico en su pico. Harry le abrió la ventana y la lechuza entró, se posó en el suelo y empezó a atacar el abrigo de Hagrid. Hagrid se despertó y le dijo a Harry que había que pagarle a la lechuza, que buscase dentro de su abrigo y le pagase cinco knuts. Harry introdujo las monedas en una pequeña bolsa de cuero que la lechuza llevaba atada a la pata.

Después de haberle dado el dinero a la lechuza, Harry se dio cuenta de que él mismo no tenía dinero para comprar todo lo que necesitaba para ir a Hogwarts. A lo que Hagrid lo consoló diciendole que sus padres le habían dejado dinero guardado en Gringotts, el banco de los magos dirigido por gnomos. Según Hagrid, Gringotts era el segundo lugar más seguro del mundo después de Hogwarts. Hagrid reconoció también que de todas formas ya tenía que ir a Gringotts por asuntos de Hogwarts.

Hagrid y Harry salieron de la cabaña y fueron hacia el bote que el tío Vernon había alquilado. Se subieron en el bote, Hagrid le dio unos golpes con el paraguas en el borde del bote y salieron disparados hacia la costa. Mientras duraba el viaje, Harry preguntó por qué era tán difícil robar en Gringotts, a lo que Hagrid respondió que había Hechizos, encantamientos e incluso dragones cusodiando las cámaras, además de que se encuentra enterrado, y pese a que lograses robar algo, muy probablemente no podrías llegar a salir.  También durante la travesía, Harry se entera de que también existe un Ministerio de Magia, y que se encuentra presidido por el Ministro de Magia Cornellius Fudge. También se entera de que el trabajo principal del Ministerio de Magia es impedir que los muggles sepan que la magia existe.

Mientras atravesaban el pueblo costero, Hagrid llamaba mucho la atención, ya que señalaba las cosas más corrientes mientras decía en voz alta cosas del estilo de: “¡Que cosas inventan los muggles! ¿Verdad Harry?”. También durante este trayecto, desde el muelle hasta la estación de tren a través del pueblecito costero, Harry y Hagrid estuvieron hablando de Gringotts, y Hagrid le confesó a Harry que siempre quiso tener un dragón, fue algo que quiso desde que era niño.

Desde la estación de tren, cogieron un tren hacia Londres. Una vez en el tren, Harry consultó qué cosas debía comprar en Londres. Cuando empezó a leer cosas como túnicas, sombrero puntiagudo, guantes de piel de dragón, varita y cosas de ese estilo, empezó a preguntarse si realmente podría comprar todo eso en Londres. Cuando se lo preguntó a Hagrid, éste le respondió que sí, si sabías a dónde ir.

Mientras caminaban por Londres, Harry dudaba de que fuesen a encontrar las cosas que necesitaba, y se preguntó si realmente eso era una broma pesada organizada por los Dursley. Ésta idea la descartó ya que los Dursley no tenían sentido del humor. Y pese a que todo lo que le había dicho Hagrid era muy difícil de creer, Harry confiaba en él.

Finalmente llegaron a un bar diminuto y mugriento llamado El Caldero Chorreante. Si Hagrid no lo hubieses señalado, Harry no lo habría visto. Harry se fijó en que la gente que pasaba por delante ni lo miraba, como si no lo pudieran ver, y tuvo la sensación de que sólo él mismo y Hagrid, podían verlo. Antes de poder decir esto último, Hagrid lo hizo entrar, y tan pronto lo hicieron, se detuvo el murmullo de conversaciones que había dentro. Todos parecían conocer a Hagrid, y cuando se fijaron en Harry, todo empezaron a mirarle a él, el cantinero, Tom, se le acercó y le estrechó la mano. A continuación, todos los que estaban en el Caldero Chorreante se levantaron y se acercaron a estrecharle la mano a Harry. Entre ellos se encontraba el profesor Quirrel.

Finalmente, Harry y Hagrid atravesaron el bar hasta un pequeño patio trasero. En él, mientras Hagrid le mencionaba un poco la vida del Profesor Quirrel, contaba ladrillos de la pared, por encima del cubo de basura. Dio golpecitos a la pared en un ladrillo en concreto con su paraguas. Al tercer golpe, empezó a aparecer un hueco donde estaba el ladrillo que estaba golpeando, hueco que cada vez empezó a hacerse más grande, hasta que Harry y Hagrid podían pasar por él.

Antes de pasar por el arco que se había formado, Hagrid le dijo a Harry “Bienvenido al callejón Diagón”. Una vez entraron, la pared volvió a cerrarse tras ellos. Según avanzaban por la calle, Harry iba fijándose en todas las tiendas, tienda de Calderos, “El emporio de las lechuzas”, tienda de escobas, de ropa, de telescopios y de muchas cosas que Harry no había visto nunca.

Finalmente, llegaron a un edificio blanco que Hagrid identificó como Gringotts. Harry y Hagrid entraron, y una vez dentro se acercaron a un mostrador en el que había un gnomo desocupado. A él le dijeron que querían retirar dinero de la cámara de seguridad del señor Harry Potter. Tras rebuscar un rato en sus bolsillos, Hagrid le dio la llave de la cámara de Harry al gnomo. También le entregó una carta de Dumbledore, acerca del contenido de la cámara setecientos trece. Entonces el gnomo llamó a otro gnomo, Griphook, para que los acompañase abajo, a las cámaras.

Harry y Hagrid, lo siguieron a través de una de las salidas del vestíbulo. Harry le preguntó a Hagrid acerca del contenido de la cámara 713, pero Hagrid le respondió que no podía decirle nada, ya que era un asunto secreto de Dumbledore. Salieron a un pasillo de piedra estrecho, que tenía unos railes en el suelo. Cuando Griphook silbó, llegó un carro por los raíles.

Se subieron en él y el carro los llevó hasta la cámara de Harry. Cuando llegaron, Griphook abrió la cerradura y Harry vio una fortuna en montículos de monedas de oro. Hagrid ayudó a Harry a poner una cantidad en una bolsa mientras le explicaba el valor de las monedas, ya que un galeón de oro equivalía a diecisiete sickles de plata y cada sickle de plata equivale a veintinueve knuts de bronce.

Una vez terminaron con la cámara de Harry, continuaron hacia la cámara 713. Esta cámara era distinta ya que no tenía cerradura. Griphook tocó la puerta con uno de sus dedos y ésta desapareció. Harry se inclinó para ver lo que había en el interior, esperando encontrarse con algo espectacular, pero a primera vista le pareció vacía. Hasta que reparó en un pequeño paquete que estaba en el suelo. Hagrid lo cogió, lo guardó en su abrigo y salieron de Gringotts.

Empezaron por ir a comprar una túnica en “Madame Malkin”, pero, sólo fue Harry, ya que Hagrid se encontraba un poco mareado de los carros de Gringotts y se fue al Caldero Chorreante.

Dentro de la tienda de Madame Malkin había otro chico probándose una túnica negra. Mientras Madame Malkin le probaba una túnica a Harry y la marcaba con alfileres, el otro chico le empezó a hablar, y cuanto más hablaban, menos le gustaba ese chico. De hecho, se alegró de que terminasen con él y se fuese.

Una vez salió, Hagrid lo estaba esperando con dos helados. Lo comieron juntos mientras Harry le contó a Hagrid lo sucedido en la tienda. Harry aprovechó para preguntarle a Hagrid qué era el Quidditch, algo que el otro chico había mencionado, pero que él desconocía. Hagrid le explicó que el Quidditch, era un deporte, similar al futbol en el mundo muggle, ya que todos lo siguen, se juega en el aire, con escobas y hay cuatro pelotas.

También Harry le preguntó que eran Slytherin y Hufflepuff y un montón de cosas más que le dijo el otro chico y que Harry desconocía. A continuación fueron a comprar los libros en una tienda que se llamaba “Flourish y Blotts”. Hagrid tuvo que explicarle a Harry que no podía usar la magia en el mundo muggle, porque Harry estaba leyendo un libro para aprender como hechizar a su primo Dudley.

Continuaron haciendo las compras de la lista de Harry hasta que sólo faltaba una cosa de la lista, la varita. Además de eso, Hagrid le dijo que también le faltaba su regalo de cumpleaños, y además le confesó que su regalo sería un animal y, en concreto, sería una lechuza. Veinte minutos después estaban saliendo del “Emporio de la Lechuza” con una gran jaula y una hermosa lechuza blanca dentro de ella.

Por último, se dirigieron a “Ollivander”, el único lugar donde venden varitas. El señor Ollivander, recordaba a los padres de Harry, y los detalles de sus varitas, al igual que la varita de Hagrid y la de Voldemort. A continuación, empezó a examinar a Harry, mientras le mencionó que no había dos varitas de Ollivander iguales, ya que los núcleos de las varitas eran de distintos especímenes para cada una. A continuación, le empezó a traer varitas y le mandaba agitarlas, y las descartaba, hasta que llegó a una varita poco usual, acebo con pluma de fénix, de veintiocho centímetros. Tan pronto Harry tocó la varita, sitió calor en los dedos, y tan pronto la agitó, de la varita salieron chispas rojas y doradas.

El señor Ollivander se quedó murmurando “Curioso… muy curioso” hasta que Harry le preguntó qué era tan curioso. El señor Ollivander le respondió que recordaba absolutamente todas las varitas que había vendido, y que de la cola del Fénix que había salido la pluma que se encontraba en su varita, había salido otra pluma para otra varita, que resultaba ser la varita de Lord Voldemort. Que era curioso que la fuera escogido por la varita hermana de la varita que le había creado la cicatriz de la frente. También le dijo que la varita escoge al mago y que se podían esperar grandes cosas de él.

Harry y Hagrid emprendieron su camino de vuelta por el callejón Diagón, cogieron el metro en dirección a la estación de Paddington. Una vez en la estación, antes de coger el tren, Harry y Hagrid se sentaron a comer una hamburguesa, mientras Harry, que había tenido en mejor cumpleaños de su vida, se sentía extraño, ya que, todos esperaban grandes cosas de él, pero él mismo no sabía nada sobre magia, así que, ¿Cómo podían esperar grandes cosas?

Antes de despedirse, Hagrid le ayudó a Harry a subirse al tren y le entregó un sobre, en él le dijo que estaba su billete de tren para Hogwarts que tendría que coger el uno de septiembre, en King Cross. También le dijo que estaba todo explicado en el billete, y que cualquier problema que tuviese con los Dursley, que le enviase una carta con la lechuza. Tan pronto arrancó el tren, Harry miró hacia el anden y cuando volvió a mirar, Hagrid ya no estaba.